Islandia (verano) día 1: Reykjavik

Llegamos al aeropuerto de Keflavik madrugada, así que no tenemos que hacer cola para que nos den el coche. Como suele suceder, es más pequeño de lo que pensábamos o necesitábamos: tenemos que hacer Tetris para meternos dentro y todo nuestro equipaje, aderezado con un vendaval de lluvia y frío. ¡Bienvenidos al agosto islandés!

Después de adivinar como arrancar, quitar el freno de mano y poner la marcha (aunque el coche es automático), toca conducir hasta el hostal para descansar las pocas horas que quedan hasta el check-out. Pues sí que hay niebla en Islandia… la conducción cada vez es más complicada, entre la niebla, lluvia y cansancio. ¿Cómo es posible que los autóctonos nos adelanten a esta velocidad? Pues para brindarnos la primera anécdota del viaje: no era niebla, ¡la luna estaba tan empañado que no veíamos nada! A pesar de haber puesto el viento a tope, se había empañado igual, así que toca abrir ventanas y congelarse un poquito hasta llegar al hostal.

Nos hospedamos en el Atlantic Apartment & Rooms, lo justo para pasar la “noche” (porque ya es de día) y darnos una ducha al día siguiente. A la luz del día y sin lluvia hacemos mejor nuestro Tetris, y nos dirigimos al centro de la ciudad a buscar lo que necesitaremos para el viaje: comida, la Camping Card y bombonas para el camping gas. Todo el aparcamiento es de pago, pero por suerte encontramos un sitio cerca del supermercado y tenemos monedas sueltas para el parquímetro (no excesivamente caro). Lo primero es reponer fuerzas: hacemos un desayuno-comida en la calle principal, Laugavegur, en Le Bistro, ambientado en Francia (ya nos vale). Muy rico y muy caro, eso sí. Siguiente paso: comprar alimentos básicos en cantidades industriales en el Bonus, el súper lowcost por excelencia de Islandia. Lowcost de allí, porque la comida es más cara que en España. Frankfurts, pan de molde, queso, jamón y otros embutidos serán nuestro sustento básico y nuestros compañeros de asiento trasero, más las galletas Tuc y Príncipe, nocilla (el chocolate que no falte) sopas, y pastas deshidratadas que traíamos de casa. Ya sabéis: para comprar, buscad el logo más feo de la historia:

bonus_logo

Siguiente paso: hacerse con un mapa de la isla, la campingcard y las recomendaciones de la oficina de turismo en la misma calle Laugavegur. A dos pasos hay una tienda de montañismo donde comprar las bombonas de gas, que por supuesto no se pueden subir al avión.

Hacia las tres de la tarde empezamos a hacer ruta turística por la ciudad: el centro es pequeño y nos dirigimos a los puntos clave, el resto lo haremos el último día, cuando también aprovecharemos para hacer compras de souvenirs. 

A cinco minutos de Laugavegur nos encontramos con la iglesia de Hallgrímur (Hallgrímskirkja), una construcción sobria pero imponente.

Hallgrímskirkja

Hallgrímskirkja

Callejeando nos acercamos a la costa hasta la escultura de una barca vikinga (Solfar), desde donde se ve el puerto y la panorámica de los montes de fondo.

Solfar

Solfar

A escasos metros, el lago Tjörnin, que está atestado de patos, gansos, cisnes… y gaviotas asesinas.

Lago Tjörnin

Lago Tjörnin

Nos entretenemos un rato en este lago con encanto en medio de la ciudad, pero el tiempo del parquímetro se acaba y ya va siendo hora de dirigirnos al camping de Stokkseyri, desde donde al día siguiente haremos el Círculo de Oro. En unas 3 horas hemos visto lo principal de la ciudad, sin prisas, y hecho nuestras compras de supervivencia.

Alrededor de la zona de acampada

Alrededores de la zona de acampada

Encontramos la zona de acampada sin problemas, es amplia y no hay más que verde alrededor. La lluvia empieza a la hora de cenar (lo nuestro nos costó recordar como acoplar la bombona al fogón) y pasamos una noche un poco movidita, entre el viento y el descubrir que el suelo de una de las tiendas, no es 100% impermeable… Aquí empezarán también nuestras ansias de encontrar enchufes para cargar todos los gadgets que llevamos encima (cámaras, inflador, móviles…) y que no nos dejarán en todo el viaje. En la zona de acampada hay lo básico: baños, duchas (de pago, va bien ir siempre con monedas), zona para fregar los platos, una habitación con lavadoras y ya. A la mañana siguiente tampoco apareció nadie para cobrar la tasa turística, así que nos vamos de “gratis”.

Así fue nuestro día en el coche:

Del aeropuerto a Reykjavik

Del aeropuerto a Reykjavik

De Reykjavik a la zona de acampada de Stokkseyri

De Reykjavik a la zona de acampada de Stokkseyri

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