PN de Ordesa día 4: Rafting y Jánovas

Hoy dedicaremos la mañana a hacer rafting, pero como en agosto no baja agua suficiente para hacer esta actividad cerca de Broto, la única opción es ir hasta Campo (a hora y media de distancia) ya que allí abren la presa del río Esera y permite un poco de corriente (aunque no el caudal que habría si fueran los meses de deshielo). Desde Broto nos habían recomendado la compañía Aguas Blancas, con salidas a las 12 y a las 15h, así que llamamos un par de días antes para reservar. Sólo es necesario el bañador y toalla y sólo se puede pagar en efectivo.

Una vez equipados con neopreno, casco y chaleco, nos dan las instrucciones básicas para remar y qué hacer en caso de caer al agua. El primer tramo es bastante tranquilo, y como vamos con una familia con 3 niños el instructor va tanteando el terreno. Para la segunda parte, donde el río se estrecha y hay más rápidos, la familia ya se ha bajado y nos quedamos nosotros solos ante el peligro. Lo hacemos bastante bien sin caer nos ni una vez. En total habremos bajado unos 12 kms. Lo peor es que al llegar tenemos que subir la barca nosotros mismos con la ayuda de los instructores por unas escaleras. Imagino que cuando se es más gente es soportable, pero siendo 4 fue bastante duro ya que la barca pesa mucho y no es que seamos Hulk que digamos.

Una vez en la oficina nos ofrecen por 10 euros un CD con las fotos que nos han hecho del recorrido. Preguntamos algún sitio cerca del río para comer y acabamos en el mismo sitio donde salimos con la barca. Como no hay sombras y seguimos teniendo el gusanillo de bañarnos, nos dirigimos a un lugar “secreto” que nos habían explicado los chicos del rafting. Hay que meterse por un trozo de carretera sin mantenimiendo, per  se puede transitar. Por suerte no hay nadie, sólo unos adolescentes inconscientes tirándose desde las rocas y un puente de piedra. Aunque conseguimos una sombra, de bañarse ni hablar, el agua está congelada, así que nos quedamos como unas viejas sentados en la orilla con los pies en el agua.

Una vez el calor deja de apretar tanto, nos ponemos rumbo a Jánovas, un pueblo deshabitado desde 1960. Los habitantes de Jánovas fueron desahuciados de sus casas porque se  pretendía construir un pantano inundando el pueblo, cosa que nunca se hizo. Para acceder al pueblo se puede pasar a pie por el puente colgante de 1881. No se ve muy inseguro, aunque algunas maderas no daban mucha confianza. Si no lo veis claro se puede acceder por otro paso de piedra sobre el río, incluso con el coche.

Es una sensación extraña pasear entre casas de las que sólo quedan fachadas y que han sido colonizada por plantas y árboles. Mención aparte merece la iglesia, que aún conserva parte de los frescos del altar y si eres un poco atrevido, se puede subir al campanario por una escalera estrechísima. Actualmente los antiguos vecinos de Jánovas, hijos y nietos están rehabilitando algunas casas con la intención de revivir el pueblo.

Una vez en Broto, repetimos en el restaurante la Tea para probar la sangría de cava con frutos rojos. Suerte que el hotel está a dos minutos.

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